Un par de momentos de la cultura platense [reseña]

Breves reseñas de algunas expresiones culturales de la ciudad de La Plata.

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Cada tanto me pregunto qué hago en La Plata, además de dar clase y militar la revolución comunista internacional (?), algo que, en principio, podría hacer prácticamente en cualquier lado. La respuesta inmediata que ofrece mi cabeza, monológica, además de recordar a mis irremplazables amistades locales, pasa casi siempre por su industria cultural. Este último tiempo leí dos libros de y fui a ver una obra de teatro producción "platense" (aunque ninguno los nombres mencionados abajo sea nyc platense), y las tres experiencias me parecieron lo suficientemente interesantes, piolas, creativas, etc. como para dedicarles una breve reseña en este blog.

El viento

El viento, la última obra teatral dirigida por Agustín Lostra y Lu Uncal, tuvo sus primeras fechas principiando el invierno de este año. Con algún eco de Edipo en Ezeiza de Pompeyo Audivert, sobre todo por su guevarismo surrealista en donde la revolución o las luchas populares se presentan como fantasmagoría y sus protagonistas, como góticos fantasmas de estas tierras gauchas, El viento tiene el plus, por un lado, de aprovechar los espacios abiertos, algo que ya le había visto a Lostra en Las vías (creo que así se llamaba) y que le da su tinte de teatro bonaerense.

Por otro lado, el plus de salir del teatro familiar, todavía presente en Pompeyo, para presentar un puñado de personajes delirantes de la arquetipia social argentina (desde el político poético interpretado por Chapi Barresi, al silente obrero-diablillo en rojo mameluco, pasadon por otros más "pampeanos"). Además, el juego con los tonos y niveles de la voz, la simultaneidad performática de los discursos collageados1, construyen un ambiente anacrónico y onírico, pero no desterritorializado, de una manera impecable, pero también un espectador activo, que tiene que elegir dónde poner su atención para armarse su propia trama. Ojalá estar más nutrido de la experiencia teatral para saber decir más que esto y aplaudir al grito de "¡Muy buena!".

Tres lagunas

Estas vacaciones de invierno aproveché y leí Tres lagunas, de Juan Machado (Cuero, 2024), una trilogía de cuentos ambientados en este pueblo bonaerense inexistente, aunque quizá con reminiscencias a Caruhué, pueblo originario del autor. Los tres cuentos se pueden inscribir en el gótico rural vernáculo. El primero, si lo redujéramos a su plot final, sería una suerte de reescritura de "La gallina degollada" de Quiroga, pero es más que eso, porque cumple la función de presentar un paisaje psicogeográfico: desde las salinas a la escuela, la única escuela del pueblo, el monte donde vivían "los indios"; pero también el pueblo como paraje de los desterrados sociales, como espacio común ominoso, con presencias acechantes (ahí están los hijos bobos de Mazzini, el resentido Arena y un montón de pequeñas historias chismosas que hacen a la narrativa de un pueblo).

El segundo, "Comedero", tiene un tinte más cinematográfico: hay un ciego que llega con una banda de pájaros y naturalmente descoloca. Mezcla de Schweblin por el tema y de Lamberti por la forma, la tensión se va construyendo a través de los testimonios de algunos de los personajes que hacen a la vida social del pueblo, otra vez con el chisme como dispositivo y cruce afectivo. Personalmente fue el que más me gustó, por cómo se va dosificando la información y por la trayectoria destructiva que asumen los involucrados hasta llegar a un final sumamente perturbador.

El tercer cuento, "Tres galgos amarillos" redondea el paisaje social de Tres lagunas estableciendo una sútil revancha entre los hijos huérfanos del brujo y el milico dominante y apropiador de lo ajeno. La voz narrativa, que no deja nunca de ser costumbrista, llega sin embargo a su máximo desarrollo creativo en este cuento, a mi parecer. Si el primero estaba en una primera persona de narrador testigo y el segundo recogía la primera persona fragmentada montando los testimonios, este último cuento cede a la tercera persona omniciente lo que, paradójicamente o no, vuelve mucho más personal la relación entre la voz y el territorio.

Magia migaja

Antes que los cuentos de Machado, había leído los poemas de Eva Costelo. ¿Cuentan como literatura platense, a pesar de que ella es tucumana y la editorial es rosarina? Yo diría que sí: todos los poemas fueron escritos acá, como demuestran algunas referencias toponímicas en los poemas. Pero Magia migaja no se trata de eso. En el poemario se toma a esnupi como leitmotiv para experimentar con un lenguaje que es nacido y criado en internet, aunque también como imagen metonímica de un ritmo basado en la ternura pop. De hecho, diría que lo más interesante del libro es esa mezcla entre lo oral, que se escucha aun leyéndolo en silencio y que incluye hasta ciertos juegos onomatopéyicos, y lo puramente gráfico o pictogramático a través del juego con emojis, asteriscos que son estrellas o contraseñas y otros gestos similares.

Diría que hay cierta herencia de Fernanda Laguna, pero también de Lucía Seles y acaso también de la poesía en internet de la década pasada, ese vestigio llamado alt-lit pero latinoamericanizado con los brillitos de los blogs2. De hecho, hay una reivindicación permanente de la cultura internética en el poemario, que por momentos cede a la nostalgia por los blogs y la Conectar Igualdad, reivindicando ese "espacio ultraterrestre" previo a las redes (anti)sociales y la atolondrada invasión de la IA. No es, sin embargo, un poemario memorialístico, sino dedicado a encontrar los momentos gozosos de la vida en la ciudad, por lo que resulta muy difícil leer cualquiera de los poemas sin concluir con una sonrisa así :) o inlcuso así (⁠✿^⁠‿⁠^⁠)

Posdata sobre la noche

Para mí, lo mejor que dejó el Mundial fue el festejo en 7 y 50 tras el resultado de la selección contra Inglaterra. Fui a verlo al cine barrial Proyecciones Terrestres y de ahí salimos un par caminando a Plaza San Martín, donde pude ver de cerca la estridente caravana de las motos que hacen cortes. Aunque, lamentablemente, no llegué a ver el "ritual tumbero" de la quema de motos, me pareció un fenómeno cultural fascinantemente envolvente (algo expulsivo también, un gesto hardcore anti-clasemedia), por cómo captura la audición y el sentido de la alarma para una suerte de desfile popular de este sujeto motoquero que tanto nos habla de la subocupación platense y su devenir repartidor.

Pero más allá del Mundial y la emergencia cultu-trash del nacionalismo popular, la noche platense tiene una encomiable persistencia aun en las frías neblinas del invierno. Así, es posible extender la gira yendo a ver a Paralapsus, algunas bandas nuevas en el "mundial de bandas" de Ciudad de Gatos o en las entrañables fiestas de Mario Mario en el Pura Vida, (de donde te echan si te ven tomando el vino que entraste de canuto xd), o mismo caminar desde el museo Almafuerte después de una lectura de Cecilia Pavón hasta Casa Unclan para ver a Perro Fantasma y tirarse unos pasos con lo más fresco del indi, y después seguir viaje a Meridiano V donde tocan Los cuates del bloque (¿una suerte de tributo a Illya Kuryaki?) y cierra un DJ set tecno-futurista de Principio de Incertidumbre, para seguir bailando, medio ebrio medio flotando, hasta que las piernas digan basta... ¡Ah, qué sería de la vida en las colonias sin su cultura!

memento mori!

  1. Según la propia presentación de la obra, hay un montaje de textos de Haroldo Conti, Eva Perón, José Hernández, Antonio Tróccoli, Bartolomé Mitre, Leónidas Lamborghini, Jorge Teillier, Carlos Menem, Leopoldo Galtieri, Norma Plá, Néstor Perlongher y Rodolfo Walsh. ↩︎︎
  2. Yo le encontré al poemario un leve parentesco a la voz poética de un Marco Rossi Peralta, también tucumano, pero la Fundación Eva Costelo declara no tenerlo referenciado. ↩︎︎